A inicios de los años 90, el sociólogo estadounidense, ya fallecido, Alvin Toffler, escribió, en colaboración con su esposa Heidi, un libro inspirado en lo observado en la Guerra del Golfo Pérsico, estudiando aquellos factores que posibilitaron una rápida y fácil victoria de las Fuerzas Armadas de EUA sobre los ejércitos del Dictador iraquí Saddam Hussein: Las Guerras del Futuro.
Y es que, en apariencia, el ejército iraquí no estaba en una situación tan en inferioridad comparado con el de Estados Unidos, recuerdo que, en aquella época, la Revista Time publicó un desplegado en el que se hacía un comparativo entre las fuerzas contendientes, y, salvo en el apartado naval, parecía que el gobernante mesopotámico contaba con una temible infantería, una respetable fuerza de blindados, misiles muy potentes, como los famosos Scud, de manufactura soviética, incluso mejorados por sus propios ingenieros y técnicos, armas químicas, un megacañón experimental que incluso se montaba sobre la ladera de una colina para apuntar directamente hacia Israel, y una numerosa y potente fuerza aérea conformada por aviones MIG rusos, Mirage franceses, e incluso, F-14 y F-16 proporcionados por EUA, cuando, pocos años antes, Hussein había sido un fiel aliado de Washington, en contra del régimen instalado en el vecino Irán tras la Revolución Islámica de 1979, liderado por el Ayatola Ruhollah Khomeini, en la larga y sangrienta guerra de 1980 a 1988.
Además de ello, los iraquíes contaban con pelear en su terreno y la experiencia adquirida, por sus comandantes, precisamente en esa larga contienda bélica. Sin embargo, todo aquel formidable ejército se desmoronó en pocos días, comenzando por las temidas tropas de sus fuerzas de élite: la Guardia Republicana. ¿Cómo fue eso? Toffler señalaba una serie de reformas que se implementaron sobre las fuerzas norteamericanas en la segunda mitad de los años 80, centradas, fundamentalmente, en el uso de la información como arma principal: su obtención, su procesamiento por los órganos de Inteligencia y su interpretación, y su empleo en contra del enemigo. En aquella guerra, los norteamericanos introdujeron por primera vez aviones no tripulados denominados Predator, y que podían usarse en misiones de reconocimiento o, equipados con ojivas explosivas, como "bombas inteligentes". A estos nuevos artilugios, se les llamaría drones.
Así, Toffler diría que el ejército iraquí, era sin duda muy poderoso, pero estaba planteado para una Guerra convencional industrial, como lo habían sido la Primera y la Segunda Guerra Mundial, o Corea y Vietnam; esto es, de la etapa que el sociólogo consideraba como propia de lo que el llamaba la Segunda Ola, refiriéndose así a la etapa industrial de la evolución de las sociedades. En cambio, el ejército que dirigieron los Generales Norman Schwarzkopf y Colin Powell ya era un ejército que giraba en torno a la gestión de información, es decir, pertenecía a la Tercera Ola, acorde con su teoría de la evolución social.
Pero resultaba curioso: ya Toffler en su obra hablaba de que las guerras en el siglo XXI seguramente serían cortas, y combatidas por fuerzas militares más pequeñas y en gran parte automatizadas, conformadas precisamente por drones y medios electrónicos, como el hackeo informático, a fin de cegar al enemigo y bloquear sus comunicaciones. Sin embargo, según lo que hemos visto en los años posteriores a la publicación de esa obra, si bien es indudable que EUA ha invertido en desarrollar esos medios cibernéticos de guerrear, no han sido los prioritarios: se sigue contando con un inmenso aparato militar de miles y miles de soldados, sustentando la proyección global del poderío norteamericano en las flotas navales de portaaviones gigantescos y el despliegue de aviones caza tripulados y bombarderos... Y es que tras los ataques al World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, la administración de Bush Jr. hizo un cambio radical que se plasmó en el documento Rebuilding American Defenses, una obra que era algo así como el plan de acción del movimiento Neoconservador, este grupo de intelectuales llegados al poder en esa Presidencia, de origen Trotskista, pero con una interpretación geopolítica y capitalista, que entre sus miembros tenía a Condolezza Rice, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Irving Kristol y otros más que fueron alumnos del filósofo Leo Strauss o fueron influidos por él.
Y también, porque seguramente, se buscó beneficiar al Complejo Militar-Industrial, que no iba a dejar de producir y vender al Gobierno de EUA, grandes aparatos y espectaculares armas que les reporten contratos milmillonarios, así que se mantuvo a las Fuerzas Armadas norteamericanas atadas a la Segunda Ola.
Lo que estamos viendo en Medio Oriente, en estos días, es quizá, el choque entre esas fuerzas armadas que se quedaron atadas a un esquema de Guerra Industrial contra las Persas, que, por el contrario, parece que entendieron perfectamente las teorías de Toffler, aunque ya, desde 2022, en Ucrania hemos visto un indicio del nuevo camino de la guerra, y lo vimos en el cambio de la estrategia seguida por Putin, de una invasión masiva con el grueso del Ejército Rojo a una guerra de desgaste que se pelea fundamentalmente con drones, y que también ha sido seguida por las tropas de Zelensky.
A dos semanas de iniciada la contienda, parece que, por un lado, ni Estados Unidos ni Israel tienen una estrategia clara de qué hacer: al parecer, pensaron que bastaba con matar al Líder Religioso Alí Khamenei y aniquilar a altos mandos de las fuerzas armadas iránias para que lo que quedara del régimen islamistas persa acudiese de rodillas a rendirse, o que estallara una insurrección popular que derrocara a la República Islámica y clamara por la reinstalación de la ancestral monarquía persa con Ciro Reza Pahlavi al frente. Pero no pasó nada de eso, por el contrario, el régimen pareció recuperar fortaleza, y ahora, tanto angloamericanos como hebreos parecen atrapados en una especie de bucle, y limitándose a lanzar bombardeos aéreos masivos al estilo de los hechos sobre Dresde o Tokio en 1945, o Hanoi en 1968. Y esperando que con eso baste para que el Gobierno Iraní se derrumbe.
Por el contrario, los Persas parecen tener perfecta claridad y haber elaborado, desde hace mucho tiempo, un plan si se quiere "pasivo-agresivo" o "defensivo-ofensivo" con el que parecen, por el momento, haber tomado la iniciativa estratégica del conflicto, lo que han perdido los dos aliados, sin saber cómo recuperarla. Pese a los dichos de Trump en el sentido de que Irán ya está derrotado y que la guerra terminará pronto, el alto mando iraní, que parece intacto pese a las muertes de los anteriores jefes, no solo ha rechazado las ofertas de cese al fuego de EUA, sino que incluso, hace demandas a la todavía considerada superpotencia, consistentes en que deberán cerrar todas sus bases militares en la región, garantizar que Irán no volverá a ser atacado por el propio EUA o por Israel, y el pago de reparaciones por las muertes y la destrucción ocasionadas en Irán, todo lo cual suena más a un ultimátum dirigido tanto a Washington como a Tel Aviv, y contar con una gran seguridad de vencer.
En cambio, Trump y su Secretario de Guerra: Peter Hegseth o incluso Marco Rubio, titular de la cartera de Estado, no han sabido comunicar a su pueblo cuál es el objeto de esta guerra: primero dijeron que era provocar un cambio de régimen en Teherán; después, destruir el programa nuclear persa, pese a que, supuestamente, ya lo habían hecho en la Guerra de los 12 Días, para luego decir que se busca destruir la capacidad iraní de lanzar misiles balísticos, lo que se ha visto, se mantiene, e incluso ha adquirido mayor precisión.
Sin embargo, en el bando contrario lo que hemos visto es una progresión a diferentes fases:
1.- La organización de "mosaico" de las fuerzas persas: siguiendo la tradición militar milenaria en la estructura de sus ejércitos, los iraníes descentralizaron el mando, otorgando autonomía a los comandantes regionales a fin de que cada uno, de perder contacto con el mando central, tuviese autonomía en la toma de decisiones y en la realización de ataques misilísticos a los objetivos, de igual manera, ante la pérdida de jefes, estos son sustituidos de inmediato por otro de entre sus subordinados, que conoce los planes de acción y continúa con ellos, tal y como ocurría en los tiempos de los Aqueménidas con las fuerzas de élite: los Inmortales.
2.- En los primeros días, se lanzaron oleadas masivas de misiles y drones que saturaron las defensas antiaéreas situadas en el Estado Judío y en las bases militares norteamericanas de Irak, Qatar, Bahrein, Emiratos y Arabia. Esto con un objeto definido: agotar las municiones antiaéreas de las defensas israelíes y las norteamericanas en el Golfo Pérsico, sabiendo que la industria norteamericana no tiene por ahora la capacidad para reponer las pérdidas con rapidez. Por otro lado, el hecho de que EUA esté quitando baterías de defensas antiaéreas de sus aliados asiáticos y europeos, incluyendo Ucrania, para pasarlas a Israel y el Golfo, está ayudando a sus aliados: Rusia, China y Corea del Norte, a incrementar sus amenazas sobre sus vecinos debilitados.
2.- Se fueron seleccionando blancos con gran sentido estratégico, esto es: se han atacado, en primer lugar: las bases militares de EUA en la región, y en particular sus radares, mismos que son vitales para la coordinación de las defensas, y también de los ataques aéreos contra Irán, las sedes diplomáticas estadounidenses igualmente, que funcionan como estaciones de sus órganos de inteligencia, infraestructuras portuarias, aeroportuarias, y turísticas, así como las petroleras y financieras, con lo que se afecta a las economías de las monarquías árabes, mismas que sustentan el sistema del petrodólar y por tanto, a las propias finanzas de EUA, quien a su vez, sostiene al Estado de Israel.
3.- El cierre del Estrecho de Ormuz, como parte de esta guerra económica, mismo que se ha hecho de manera astuta y sin invertir grandes despliegues navales o de armas, basta con la amenaza y haber hundido o dañado a unos cuantos buques, las primas de seguros marítimos han subido a niveles estratosféricos, con eso, están dislocando el tráfico de petróleo hacia los países occidentales y de otros productos, como la urea y otras materias primas para fertilizantes; de esta manera, los Persas apuestan por crear una crisis económica global, buscando con ello generar una presión internacional enorme sobre EUA que le lleve a retirarse antes de causar una quiebra mundial.
4.- Armas baratas pero innovadoras: ciertamente Irán está empleando misiles muy avanzados y caros en la guerra, como el Khorramshahr o el Sejil, pero la punta de lanza de su ofensiva ha sido el uso del dron Shahed 4, un aparato con avanzados sistemas guías y diseño aeronáutico de primer nivel, pero muy barato, pues cuenta con un motor propio de motocicleta que impulsa una hélice situada en su popa, y le permite tener un alcance de hasta 2,000 kilómetros, armado con una ojiva de alta potencia, puede también, recabar información y transmitirla antes de impactar en el objetivo. Lo mejor, es que cada unidad no cuesta más allá que un automóvil austero. Se lanza en enjambres, lo que permite saturar las defensas y hacer el contraste que para derribar a cada uno de ellos, se empleen misiles o armas antiaéreas que cuestan millones de dólares.
5.- La propaganda, los iraníes saben bien que existen amplios sectores en la sociedad estadounidense que están opuestos a la guerra, que están hartos del apoyo a Israel, y que en los últimos 4 años el antisemitismo ha crecido aceleradamente en Occidente. La destrucción de una escuela primaria en los primeros ataques sobre Irán, ha permitido al régimen persa a pasar, de hace unos meses de ser el sangriento represor de las mujeres y defensor del fanatismo religioso a la víctima justamente enfurecida por la muerte de niñas inocentes a las que EUA pretendía "liberar". Entre tanto, y tras la muerte de Alí Khamenei y la designación de su hijo Mojtaba como Líder Religioso, quien probablemente se encuentra herido, y que por ello, además de por razones de seguridad, se mantiene oculto, los Persas lanzaron ataques contra la cúpula del Gobierno Israelí. Ante ello, la actitud del régimen judío ha sido opaca y bastante torpe: en vez de aclarar, y en su caso, reconocer la probable muerte o heridas del Ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, y del propio Netanyahu, cuya casa, según se sabe, fue destruida por un misil, así como la destrucción de búnkers destinados al Gobierno, se ha respondido con vídeos que, al parecer, están manipulados mediante herramientas de Inteligencia Artificial que dejan más interrogantes que certezas, sin aparecer en eventos públicos, a diferencia de las autoridades iránias, que incluso participaron en una multitudinaria manifestación celebrada durante un bombardeo, lo cual refrenda su imagen de valentía ante el liderazgo norteamericano cómodamente dirigiendo las operaciones desde mullidos despachos en Washington, y el israelí que permanece escondido.
En resumen, si Alvin Toffler estuviese vivo hoy en día (murió hace 10 años), estaría constatando que ha sido Irán, y no EUA, quien ha aplicado sus teorías de la Guerra de la Sociedad de la Información, lo que ha llevado a que los Persas hayan adquirido, al inicio de la tercera semana de la guerra, la iniciativa en su conducción. Incluso, se podría decir que han pasado a la ofensiva, llevando a Trump hacia cierta desesperación. Ante el temor de que intentar abrir el Estrecho de Ormuz lleve a arriesgar a sus buques de guerra, siendo cualquier daño a los mismos un duro golpe mediático, busca el apoyo de sus aliados europeos para iniciar una operación en consecuencia, mas no encuentra respuesta favorable, porque, hay que reconocerlo: muy probablemente, incluso sus supuestos aliados, ya están hartos de la hegemonía norteamericana, y están hartos del victimismo del Pueblo Judío y del pozo sin fondo de recursos que es el Estado de Israel. Quizá apuestan a la caída de EUA, un debilitamiento del Estado Judío y una negociación en lo individual de cada uno con Teherán en una reconfiguración de poder en Medio Oriente.
Irán tiene más fácil el vencer en esta guerra, sólo tiene que resistir y mantener funcionando su sistema político. Estados Unidos e Israel, en cambio, no han logrado aterrizar un objetivo realizable, respecto al cambio de régimen, es difícil que el mismo se haga por un levantamiento popular en contra; y si se quisiera forzar desde el exterior, EUA tendría que conducir una invasión por tierra, que luce si no imposible, sí enormemente costosa en recursos y sobre todo, en vidas.
La realidad, es que Trump metió a su país en una situación de la que resultará muy difícil salir: Irán ya no confía en él para negociar, y están en una posición en que sólo tienen que resistir los bombardeos masivos norteamericanos y judíos, mientras ellos continúan minando los pies de barro del sistema económico en el que EUA sostiene su poderío. Israel, por su parte, no puede permitirse ser derrotado, ya que se juega su misma existencia. Lo más impresionante, es que al parecer, en el Pentágono no hay ninguna propuesta ni ninguna acción conducente a cambiar las tornas de la contienda. Simplemente, el Secretario del ramo, antiguo comentarista de televisión en Fox News, y el Estado Mayor, no saben qué hacer.
Una victoria persa representaría la caída de EUA como superpotencia y que, ahora sí, tendría que reforzar su posición como potencia dominante en América, perdiendo su capacidad para proyectar su poderío de forma global, lo cual llevaría sin duda, a una serie de intervenciones quizá sobre Canadá, México, Colombia y Brasil a fin de asegurar que ningún país se le salga del redil, consumando la toma de Cuba y el fin del régimen castrista. Entre tanto, Irán, aunque saldría con grandes daños, ganaría la posición como potencia hegemónica de Medio Oriente, contando con la posibilidad de verse libre de las sanciones norteamericanas, colocándose en una posición de igual con sus aliados China y Rusia y probablemente consiguiendo que los europeos se acerquen a buscar acuerdos energéticos directamente con Teherán, sin importar la posición norteamericana.
De esta manera, el orden internacional cambiará radicalmente y para siempre.


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