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22 de abril de 2016

AMBIGÜEDADES






Como ya lo dije en su momento en este espacio, he cambiado un tanto mi visión sobre Francisco I, primero: reconozco que ocupa el solio de Pedro con cierta legitimidad, segundo, creo que, decididamente, es un verdadero creyente, tercero: creo que tiene una genuina preocupación por los problemas de la Iglesia y de la sociedad actuales.

Sin embargo, creo también que Francisco I pasará a la Historia como uno de los peores pontífices de todos los tiempos, y quién sabe si no llegue un día, en una época en que vuelva a imperar la racionalidad, el sentido común y sobre todo, una dirección más apegada a la doctrina bimilenaria cristiana y la tradición, a ser declarado como Antipapa y anulada toda la producción documental y normativa de su reinado. Y es que las exhortaciones apostólicas que ha emitido: Evangelii Gaudium y ahora Amoris Laetitia, así como su Encíclica Laudato Si, son muestras de los defectos principales del argentino que lo dejan muy por abajo del nivel para ser Papa: Posee una fe sincera, pero de nivel "de carbonero", es un sujeto un tanto limitado, inculto e ignorante, formado además con prejuicios "antisistema" y marxistas durante los años 60 en los que vivió su juventud, a lo que se sumó su pésima formación como sacerdote jesuita en los años en que la Compañía era liderada por Pedro Arrupe, quien condujo a la obra de San Ignacio por los terrenos de la Teología de la Liberación y del odio a la tradición occidental en general, a la que consideraba culpable de los horrores vistos en Nagasaki tras el bombardeo atómico; lo cual se estimuló más durante los años del Concilio.

A lo anterior, hay que sumar por supuesto, una gran ambición y un ego gigante que le lleva a ser autoritario, junto con las ambiciones y el proceder propios de un personaje que ha vivido y conocido de primera mano el disparatado panorama político argentino dominado desde los años 40 por el espectro populista de Juan Domingo Perón. Sin embargo, su pobre bagaje cultural y deficiente preparación teológica y filosófica para el cargo le hacen un personaje demasiado proclive a dejarse de llevar por la lisonja y por quienes aparezcan coincidiendo con, o favoreciendo a sus posiciones ideológicas de Izquierda.

Así, estamos ante un documento que es un monumento a la mediocridad y la tibieza de Bergoglio, pero también a su impulso autoritario hacia un programa que se enfocó a establecer un papado mediático que lavara la imagen dañada, por los propios medios, que han exagerado los escándalos de pederastia del clero o arrinconaron la influencia de la Iglesia en pro del laicismo; lo que se traduce en un intento de resultar atractivo, de quedar bien con todos y evitar los ataques por la defensa de un mensaje directo y estricto; así, si la primera exhortación de este pontificado: Evangelii Gaudium fue un intento de sumarse a la visión "altermundista" de crítica al capitalismo y la globalización, que fracasó y fue recibido con frialdad por la feligresía y el público en general: de hecho, las críticas no se dejaron esperar para señalar la ignorancia completa exhibida de los procesos económicos, mientras quedaba en evidencia la simpatía de Bergoglio por regímenes populistas como el Chavista en Venezuela o el Kirchnerismo argentino.

Después, vino la encíclica Laudato Si, misma que además de destacar por ser el documento pontificio en el que menos se habla de Dios de toda la Historia de la Iglesia, el Papa argentino pretende sumarse al ecologismo tan de moda con la campaña mediática del Cambio Climático; nuevamente, una concesión a las tendencias del momento que también quedó en "ni fu ni fa", es algo totalmente intrascendente y rápidamente fue olvidada.

Ahora, y tras el tan llevado y traído Sínodo sobre la Familia celebrado en el 2014, viene Amoris Laetitia a manera de cierre de dicho debate; el problema es que en vez de concluirlo, parece abrirlo más, ya que si bien el documento no contiene ni una sola frase que directamente contravenga a la doctrina contenida en los Evangelios, el Nuevo Testamento y la Biblia entera, el Magisterio y la Tradición de la Iglesia, de hecho, parece totalmente ortodoxo y duro contra el progresismo y la "teoría de género", sin embargo utiliza un lenguaje rebuscado y difícilmente digerible, que se presta a muchas interpretaciones, tónica que se ha venido repitiendo en los documentos papales desde el Concilio Vaticano II; en este caso, las ambigüedades radican en dejar al arbitrio de obispos y párrocos la atención, sobre todo, a los divorciados vueltos a casar, y aunque no se habla de autorizar la comunión para ellos, sí se habla de apoyar su integración, --lo cual abre la puerta a ser interpretado o tomado a conveniencia-- así que, en cierta forma, lo que mencionan muchos Tradicionalistas como que este documento ya en sí mismo es prueba irrefutable de que Bergoglio es el "falso profeta", la "Bestia de la Tierra" y demás me parecen exagerados; creo que en sí, el pontífice argentino es partidario de la postura tradicional de la Iglesia, con lo que se enfrentó a los Kirchner pese a simpatizar con ellos en los temas sociales y económicos, sin embargo, creo que en su afán de quedar bien, de hacerse propaganda como el "revolucionario" y su "misericordia", deja muchas puertas abiertas, con una encíclica que, además de presentar muchos errores, también presenta varias ambigüedades intencionales; para un análisis centrado y objetivo del texto, contamos con el hecho por el Dominico Nelson Medina, visible en la liga. Además de esto, es claro el enorme poder que ha adquirido el Cardenal Kasper, el verdadero hereje y "eminencia gris" detrás de este pontificado, quien, a mi parecer, se ha aprovechado de las debilidades de Bergoglio, como todo dictadorzuelo sudamericano, en su soberbia no se da cuenta de que viene a convertirse en marioneta de su propia camarilla.

la ambigüedad y falta de claridad de Bergoglio, a veces intencional, a veces consecuencia de sus debilidades y defectos como Papa y aún como sacerdote, están pasando factura, es el costo de una Iglesia que se decidió desde el Concilio Vaticano II con ser mediocre para una feligresía mediocre que no busca formarse ni estudiar aquello que supuestamente cree. Como en todo, el conocimiento y el compromiso es lo que nos puede llevar a ser verdaderamente católicos y conducir nuestra vida por el camino correcto, formando nuestra conciencia; si hoy vemos que muchos aplauden como focas de circo al documento papal sin darle una lectura crítica con base en la doctrina, pues en su mediocridad como fieles se aferran al argumento de autoridad y ciegamente lo siguen, en algo que ha quedado la mala costumbre de la Papolatría heredada de la sobreexposición mediática durante el pontificado de San Juan Pablo II.

Una cosa es segura y necesaria: después de Francisco I, se requerirá aclarar los alcances de las facultades y funciones del Papa, a fin de terminar con tanto culto a la personalidad que, debido a la expansión de los medios de comunicación ha pervertido entre muchos fieles la imagen del pontífice.

1 comentario:

Alejandro de Escobar dijo...

Señor Yorch: he leído con suma atención su análisis y verdaderamente lo encuentro exacto, preciso y profundo. El papado de Francisco es esto que estamos viviendo y que desgraciadamente, no muchos católicos lo perciben como "con algunas cositas fuera de lugar". Gracias por el escrito. Un abrazo desde la Argentina.